Todas las limpiezas de litoral que se hacen en Baleares, juntas, no llegan ni de lejos a las 97.518 toneladas que Ibiza envió al vertedero solo en 2024. No hay voluntarios suficientes en el mundo para ganar esa carrera.
Y no es que falte infraestructura. Ibiza esperó 17 años su planta de triaje, la inauguró en 2020 y aun así recupera solo el 10-15 % de lo que entra, el vertedero se agota y desde 2026 la basura cruza el mar en camiones. Cuando hay que sacar los residuos de la isla en barco, el problema ya no es cómo se gestionan: es cuántos se generan.
Salimos igualmente, porque cada red fantasma que retiramos deja de matar y porque una playa limpia cambia cómo la mira quien la pisa. Pero que quede claro: la única solución real es dejar de contaminar. Reducir el envase, cambiar el vaso de un solo uso, recuperar el arte de pesca perdido, no tirar por la borda.
Por eso la mitad de nuestro trabajo no es recoger basura: es formar a las tripulaciones, dar charlas en colegios y cambiar la manera en la que se usa el mar.